Descubre por qué Stanford cuestiona el consejo de “seguir tu pasión” y qué implica que menos del 20% tenga una vocación claramente definida.
“Seguir tu pasión” puede ser uno de los peores consejos profesionales, según dos profesores de Stanford. Bill Burnett y Dave Evans sostienen que la mayoría de las personas no posee una vocación única y definida, por lo que la presión por encontrarla puede generar frustración, inseguridad y dificultades para elegir una carrera.
Durante una grabación en vivo del Prof G Podcast con Scott Galloway, Burnett rechazó una de las recomendaciones más extendidas en el ámbito profesional. “Probablemente sea el peor consejo que se le puede dar a una persona”, afirmó.
El profesor y coautor del libro Designing Your Life explicó que la indicación parte de una premisa que no se corresponde con la experiencia de la mayoría. Burnett afirmó, a partir de investigaciones de William Damon sobre jóvenes, que “menos del 20% de las personas tiene una pasión singular e identificable”.
Quienes quedan fuera de ese grupo pueden sentir que el mensaje no se ajusta a su realidad. Burnett explicó que ocho de cada diez personas no logran identificar con claridad ese interés único que supuestamente debería orientar su trayectoria profesional.
Otro sector encuentra dificultades por una razón distinta: posee numerosos intereses y no sabe cuál debería priorizar. En ambos casos, la expectativa de descubrir una vocación dominante convierte una recomendación aparentemente motivadora en una fuente de incertidumbre.

El consejo también puede provocar dudas sobre las capacidades o la identidad de quien no identifica una inclinación profesional clara. Burnett indicó que muchas personas terminan preguntándose qué está “mal” con ellas.
La dificultad, según su planteo, no reside necesariamente en la ausencia de intereses, sino en la exigencia de elegir uno y transformarlo en el centro de toda una trayectoria. Esa búsqueda puede afectar tanto a quienes todavía no definieron su futuro como a aquellos que sienten atracción por varias actividades.
Frente a ese escenario, Burnett propuso reemplazar la necesidad de hallar una respuesta definitiva por otro punto de partida: la curiosidad. “Incluso si estás realmente en el punto más bajo, hay algo por lo que sientes curiosidad”, sostuvo.
A partir de ese interés inicial, las personas pueden realizar experiencias acotadas antes de tomar una decisión profesional permanente. El objetivo es obtener contacto directo con diferentes alternativas y evaluar cómo se sienten y qué aprenden al probar cada alternativa.
Los profesores denominan “prototipado” al método basado en probar una posibilidad sin asumir desde el comienzo un compromiso de largo plazo. En vez de adoptar una determinación de alto riesgo, recomiendan avanzar mediante experimentos pequeños.
Una persona interesada en una actividad puede conversar con alguien que ya trabaje en ese ámbito, participar en un proyecto o buscar una experiencia directa dentro del sector. Cada prueba ofrece información concreta sobre las tareas, el entorno y el nivel de interés que genera ese camino.

El enfoque permite explorar distintas opciones sin tratar la primera elección como una decisión definitiva. También resulta relevante para los trabajadores que se sienten condicionados por el título universitario que obtuvieron o por la carrera que desarrollaron hasta el momento.
Burnett calificó como una “creencia disfuncional” la idea de que los estudiantes deben escoger la especialización “correcta” para definir su futuro. “La carrera es la forma en que organizas la universidad, no la forma en que organizas tu vida”, argumentó.
Por su parte, Evans también cuestionó la expectativa de que una actividad laboral deba proporcionar simultáneamente sustento económico y realización personal. El especialista señaló que “crear significado y ganar dinero no tienen por qué ser lo mismo”.